La babesiosis canina
12 Feb

La babesiosis canina

¿Qué es la babesiosis?

La babesiosis es una enfermedad protozoaria transmitida por garrapatas que produce un cuadro clínico de anemia de intensidad más o menos variable dependiendo del estado inmunológico del animal afectado. A medida que avanza la enfermedad otros órganos  como el hígado o el riñón pueden verse comprometidos.

Es una enfermedad similar a la malaria que puede afectar a cualquier animal doméstico, especialmente a los perros. Su nombre se estableció en honor al biólogo rumano Victor Babeş, que fue el primero en aislar el agente patógeno.

Distribución geográfica.

La babesiosis canina presenta una distribución  a nivel mundial, aunque bien es cierto que existen diferencias geográficas y climáticas que permiten establecer las variaciones en cuanto a patogenicidad, prevalencia y estacionalidad.  Así se ha determinado que existe una mayor repercusión en zonas tropicales y subtropicales del planeta, y de modo general allí donde hay climas cálidos, idóneos para el desarrollo y reproducción de las garrapatas.

En la actualidad y tras muchos estudios realizados se sabe que existen hasta 10 variedades diferentes del género babesia capaces de infectar a la especie canina. Partiendo de esto, se pueden apreciar las variaciones en cuanto a presentación de los signos clínicos asociados a la situación geográfica concreta.

Transmisión de la enfermedad.

A pesar de que se han descrito rutas de transmisión vía mordedura entre cánidos, transplacentaria o transfusiones sanguíneas, la principal vía de transmisión son las garrapatas. La picadura del artrópodo en el perro, en su acto de alimentarse, ocasiona un intercambio de fluidos entre los que se transmite el protozoo a través de la saliva de la garrapata. Una vez en el organismo los protozoos se adhieren a la membrana de los glóbulos rojos hasta conseguir introducirse en su interior. A partir de aquí empiezan a replicarse y a distribuirse por todo el organismo colonizando cada vez más glóbulos rojos y empezando a producir anemia.

Para que una garrapata tenga carácter infectivo pueden darse dos situaciones; bien que proceda de otra garrapata con los protozoos en su interior (transmisión vertical) o bien que se haya alimentado de la sangre de un animal ya infectado (transmisión horizontal).

Aunque cualquier animal es susceptible de padecer la enfermedad, es cierto que debemos tener en cuenta que zonas en las que conviven comunidades amplias de animales como son las perreras o protectoras que continuamente están introduciendo nuevos ejemplares de distintas procedencias presentan un riesgo a mayores.

Presentación clínica.

El cuadro clínico presenta un amplio espectro de severidad, que varía desde infecciones subclínicas, diferentes grados de anemia hasta fallo multi orgánico con riesgo de muerte. El factor determinante de ello es la patogenicidad de la especie de babesia transmitida, otros factores que pueden agravar el cuadro son la edad, sexo, estado nutricional e inmunológico del animal afectado. A grandes rasgos los signos que con mayor frecuencia se presentan son anorexia, fiebre, anemia marcada, vómitos, diarreas, dolor abdominal. En estadios más avanzados y de peor resolución podremos observar signos de afectación renal  y hepática generalmente de carácter agudo.

A pesar de que un animal que ha superado la enfermedad se supone que ha generado una potente respuesta inmune  no siempre es así. El sistema inmunológico no parece eliminar por completo la infección y aunque aparentemente estos pacientes se vean sanos ciertas terapias inmunosupresoras, situaciones estresantes o estados carenciales pueden hacer que en un momento dado reaparezca la sintomatología siendo necesario tratar de nuevo.

Diagnóstico.

En zonas endémicas y en determinadas épocas del año, la presencia de fiebre, depresión y anorexia en un paciente hasta ese momento normal es bastante sugerente del padecimiento de babesiosis. Si a estos cambios se suma la presencia de sangre en orina y mucosas pálidas, nos veremos obligados a realizar un frotis sanguíneo, que es la técnica de diagnóstico más rápida para detectar la infección. En casos más crónicos será necesario ayudarse de otras pruebas serológicas complementarias.

El diagnóstico se basa en la demostración de la presencia del protozoo en el interior del glóbulo rojo. Es necesario ser minucioso a la hora de observar la muestra para evitar falsos positivos (artefactos, manchas) o falsos negativos (formas menos visibles del protozoo, estadios tempranos de la enfermedad).

Tratamiento.

El tratamiento de la babesiosis depende del estado clínico de cada paciente. Éste incluye terapia de soporte y tratamiento antiprotozoario específico. No existe un protocolo fijo terapéutico, ya que no todas las especies de Babesia responden de igual manera al tratamiento antiprotozoario. El único fármaco actualmente aprobado en España para el tratamiento de esta enfermedad es el dipropionato de imidocarb, que se aplica en dos inyecciones subcutáneas  con un intervalo de 15 días entre ambas. Se puede combinar con otras medicaciones para potenciar su efecto aunque por si solo deberá ser suficiente. Y tan importante es la utilización del mismo como la terapia de soporte y coadyuvante en caso de tener otros órganos afectados. Será necesario realizar un seguimiento del paciente para valorar la evolución y una hospitalización con sueroterapia si se considera oportuno.

Prevención.

El mejor método de prevención es mantener a nuestra mascota libre de garrapatas, ya que como hemos comentado, son el vector de transmisión de la infección. Para ello disponemos en el mercado de soluciones en spray, pipetas monodosis, champús insecticidas, collares antiparasitarios, que podemos aplicar en solitario o incluso, para potenciar la barrera protectora, hacer combinaciones entre ellos siempre siguiendo el consejo de un profesional veterinario.

También podemos vacunar frente a Babesia canis, género con mayor frecuencia de afectación en el perro, pero esto no evita la infección y como consecuencia puede desarrollarse la enfermedad aunque de forma más leve. Aun así existe la posibilidad de que perros vacunados se enfrenten a la infección por otras babesias y desarrollen la enfermedad con todos sus síntomas.

¿Existen riesgos para la salud humana?

El ser humano no tiene babesias propias como tal, pero puede intervenir en el ciclo de transmisión como hospedador accidental, lo que quiere decir que una garrapata portadora del protozoo puede alimentarse de sangre humana actuando como vector. Es muy rara esta presentación y apenas hay casos descritos en toda Europa. Por el contrario se da con mucha más frecuencia en los estados de Norteamérica donde se considera una enfermedad emergente.

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